Thursday, October 30, 2025

Cual es mi pasión?


 8 de diciembre del 2000. Yo, con 22 años, recorrí un campo de fútbol que fue testigo de hasta ese momento una hazaña histórica. El equipo que seguí por radio, diarios y televisión desde que tengo uso de razón fue campeón por tercera vez consecutiva. Una emoción recorre mi cuerpo, la sonrisa mas no el llanto, siento ese logro como mío, porque eso es Universitario de Deportes para mi, la alegría de sus goles, la fuerza de sus jugadas, el no darse por vencido, para mi es una extensión de mi vida.


En los ochentas escuchaba historias de Hector Chumpitaz, Roberto Chale y Marcos Calderon mientras armaba un rompecabezas de un hombre blanco y rubio con camiseta crema que le sacaba la pelota a su contrario, un moreno de camiseta blanquiazul a rayas. Desde niño se aprende la rivalidad pero también el respeto. Mi padre me puso mi nombre por el entrenador peruano que llevó a la selección de fútbol al mundial del 78. 


El Chueco Calderón,  el técnico, apareció en el Sport Boys y luego entrenó a Universitario en varias oportunidades, fue ídolo crema y en el 87 murió cuando el avión que regresaba de Iquitos con el plantel de Alianza Lima tuvo un desperfecto y ya sin combustible cayó al mar frente a las costas del Callao. Marcos era el entrenador de ese equipo blanquiazul.


Yo escuchaba los partidos en la radio stereo Technics de mi padre, quien me enseñó a querer esos colores crema y granate, me dijo que la U luchaba hasta el final, que no se rendía y a pesar de perder, seguía luchando. A su estilo, me transmitió su forma de ver la vida, a manera de metáfora futbolística, en cada fecha tienes la oportunidad de ser mejor de lo que eres y que el resto se alegre por ello.


En los noventas Roberto Zegarra de RPP narraba los partidos los domingos y yo veía en mi imaginación como Balán Gonzales anotaba o el puma Carranza detenía un ataque. Luego llegó la televisión, Goles en Acción para ser exactos, para ver los goles de Tomas Silva y Ronald Baroni, los pases de Roberto Martinez y las atajadas de Martin Yupanqui. Los lunes leía los periódicos que analizaban los partidos, eran los comienzo de los suplementos El Bocón del diario Ojo y Deporte Total de El Comercio.


Yo nunca jugué fútbol, apenas un 2 a 2 en las calles con mis verdaderos amigos. En el colegio era tercer arquero del equipo del salón, así que me iba a un lado a narrar el partido que mis compañeros jugaban, el A contra el B en la primaria, luego San Martín contra Santa Rosa en la secundaria. Llegar a la Universidad fue una cosa de locos.


No sabía que estudiar y mi madre preocupada me llevó con un psicólogo educativo, el resultado era seguir mantenimiento de maquinarias pesadas o literatura. Ni izquierda, ni derecha, elegí periodismo. Y mientras me imaginaba narrar una guerra en medio oriente, o las protestas contra Fujimori de la marcha de los 4 suyos, terminé siendo reportero de cancha de Universitario en el año 2000.


El Cuervo, el Vocha y el Tata, ellos fueron mis mentores. Era una revista quincenal que salía cada vez que podía. Tenían una oficina-imprenta en el Jr. Ica del centro de Lima,  aprendí mucho con ellos, de estilo de escritura, como hacer las entrevistas y cultivar el amor más profundo por Universitario.


Al tener carnet de periodista e ir a los entrenamientos se cerró el ciclo. Conocí a Roberto Zegarra de RPP en persona, viví narraciones de Radio Ovacion con Jorge Changa. Esperaba fuera del estadio junto a Bruno Cavassa y Erick Osores, los reporteros televisivos. Incluso me ponía detrás del profesor Chale para que las cámaras de televisión me enfocaran y al día siguiente mis compañeros de la Bausate me dijeran: Te he visto en la Tele!


Mis nota salían publicadas, Conoci el viejo estadio Lolo Fernandez, recorrí el aquel nuevo estadio Monumental, ingresé a la perrera del antiguo Estadio Nacional fui a cada partido y entrenamiento que pude, pasé de agosto a diciembre del 2000 rodeado de Ciurlizza, Bica, Araujo, Esidio, Grondona, Alva, Ibañez. Con apenas 22 años no le pude pedir más a la vida. 


Cuatro años después, el destino me llevó a dejar el país emigrando a un lugar sin amigos, sin calor humano, y sin fútbol.  Me adapté lo más rápido posible al inglés y a la sociedad pero lo primero que busqué al establecerme fué un canal peruano por cable que transmitiera los partidos de la U. El único consuelo que me daba valor y me decía que tomé una buena decisión. 


Hoy, 25 años después y viendo por YouTube programas deportivos, recuerdo con nostalgia la radio, la prensa escrita y la televisión, los medios de comunicación del cual alguna vez fuí parte. Hoy he vuelto a vivir otro tricampeonato del equipo de mis amores, ese amor incondicional que no se apaga, aquel que llevo tatuado en mi piel. Esas son mis dos pasiones, las que nunca morirán.